Representante AMURA en Uruguay

Entrenadora de caballos en Doma AMURA URUGUAY

DSC_0205 (1)
Rebeca Martínez
Entrenadora de Caballos

Me presento ante todos, mi nombre es Rebeca y tengo 29 años, soy nacida en España, pero con nacionalidad holandesa, una pequeña ensalada de fruta y a veces confuso de entender. 

Hablo tres idiomas, español mi lengua materna, holandés por mi familia de allá e inglés. Siempre me gustaron los caballos e íbamos a clases de equitación cerca del pueblo en donde vivía. Cuando vi a esos animales majestuosos por primera vez sentí un poco de miedito al principio, poco a poco le fui agarrando el gustito. 

Mis padres hicieron un trato con un centro ecuestre a unos veinte minutos de la casa y era que mi hermana y yo íbamos a ayudar en tareas básicas y también a tomar clases y fue ahí cuando cada vez más me iban llamando la atención. Ese centro cerro y estuve un tiempo sin tomar nada de clases y el contacto se perdió un poco. Hasta que encontramos otro lugar espectacular en donde hacíamos lo mismo. Allí nos llevaban a dar paseos afuera, esos no me causaban mucha gracia porque íbamos por caminos muy estrechos y me daba miedo ya que al lado había barrancos tremendos. 

 

En los veranos de Uruguay veníamos los tres meses porque mis padres necesitaban trabajar en la empresa de enseñanza de español que tienen y consiguieron un establecimiento en donde mi hermana y yo estábamos prácticamente internadas haciendo de todo, tanto con los caballos como con otros animales. Ahí mi pasión se encendió cada vez más y más. Aprendí a ensillar por primera vez, subirme sola que era tremendo logro. Buscábamos otros caballos para encerrarlos en un corral y me parecía de lo mas divertido del mundo. El caballo que me toco a mi se llamaba Rayo aunque de rayo no tenia nada porque era super vago y lento, a veces se hacia el vivo y me dejaba varada por ahí sin querer caminar hasta que le diera la gana, pero nos entendíamos muy bien. 

Dejamos de venir a Uruguay por unos años por nuestros estudios y cosas de la vida. Hasta que en 2007 nos mudamos aquí definitivamente. Se dio la oportunidad de tener un campo con otra gente y nuestro primer caballo que se llamaba Caramelo, creo que duro poco tiempo ya que el ex dueño se arrepintió y nos lo saco. Nos pusimos un poco tristes, pero no tardo mucho tiempo en que tuviéramos dos potrillos. Mi padre hablo con el vendedor del campo quien criaba caballos árabes a ver si no nos podía dar dos potrillos para que nosotras aprendiéramos de su cuidado y de poder criarlos. La respuesta fue que sí y recuerdo que fuimos a un lugar que había un corral cuadrado enorme lleno de caballos y nosotras podíamos escoger dos. Había algunos que no se podían ya que el los usaba para exposición y a mi enseguida me llamo la atención un tostadito y mi hermana una negra. Al cabo de unas horas se cerró el trato y estábamos super felices. Poco después nos llegaron al campo y la aventura comenzaba. Para montarlos aún quedaba unos tres años porque tenían seis meses, pero algo mejor que nada. Los peinábamos, sacábamos a pasear, trabajábamos a la cuerda, mimos y no mucho más. Nuestro deseo de tener para poder andar era grande y además necesitábamos para la academia de español y las excursiones, es ahí cuando aparecen el Colorado un pura sangre precioso, pero con un poco de mal genio y Lucero a quien hoy en día le decimos el abuelo con 32 años siendo el guía de los más jóvenes o de aquellos que tienen problemas. Realmente no sabíamos muy bien para que los queríamos. 

Viste que dicen donde caben dos caben otros dos y el tener caballos es como una droga que nunca termina. El señor que en ese momento cuidaba el campo nos habló de los enduros y que seria divertido para nosotras. Mis padres lo pensaron evaluaron la situación y comenzó la aventura. Intentamos con Lucero y el Colorado pero ambos habían sido utilizados para raid, no de la mejor manera y esos no nos iban a servir. 

Hablamos con quien nos dio a los potrillos árabes, le planteamos lo de los enduros y comenzó la aventura. Nos dio algunos caballos para que empezáramos con el entrenamiento diario, carreras, diversión. Hubo varios accidentes en el medio, pero quien no se haya caído alguna vez nunca subió a caballo o eso se dice por ahí. 

En el medio de todo esto cambiamos de casero en el campo y la experiencia ahí no fue muy buena la verdad. Al principio todo color de rosas, tanto con los entrenamientos como con los cuidados de los caballos y demás. Lamentablemente todo fue decayendo, el cuidado de los caballos empezó a ser malo, maltrato en el medio y cosas que no tienen explicación como dos caballos muertos.

Conocí la doma tradicional y no es de mi agrado. No es necesario someter a los animales a ciertos ejercicios cuando se puede hacer de otra manera con el mismo resultado. Romero mi potrillo le tiraron de boca, y no quiso verme ni acercarse por varios meses. La pase realmente mal ya que el venia hacia mi cada vez que lo llamaba y estábamos horas mimoseando, eso lo había perdido. Su confianza en mí se había roto por decirlo de una manera. Me costó mucho tiempo en recuperarla. 

El campo se puso a la venta y fue ahí que tome la decisión de empezar a capacitarme en el manejo diario, cuidados básicos, primeros auxilios, aunque por ese entonces estaba en la facultad de veterinaria. Decidimos que cuando encontráramos un lugar para nosotros me iba a ir a vivir y hacerme cargo de los caballos. No queríamos mas malas experiencias 

 

Una amiga de facultad me dijo que había una chica que hacía doma natural y que quizás eso me iba a ayudar y gustar. Me puse a investigarla y decidí hacer un primer curso. Para ese entonces yo ya estaba viviendo en el campo con los caballos. Quede asombrada lo que uno puede hacer en pocas horas, la confianza y el entendimiento que logra uno con estos maravillosos seres. 

Hice el curso principiante, me enganché e hice el avanzado. Creo que ese segundo curso Alwi pensó que no tendría ni idea de lo que estaba haciendo ya que me salió todo bastante mal de lo nerviosa que estaba. Después ella lanzo el curso online en ese entonces se llamaba seminario en donde aplicabas lo aprendido con tus caballos, se mandaban videos semanales a los grupos y luego había correcciones. 

En ese entonces mi autoestima, confianza en mí era bastante baja. Los caballos estaban reflejando esa inseguridad y hubo muchos errores que hoy miro con orgullo. En ese entonces estaba trabajando con Igor y Persi, dos caballos de mi manada bastante dañados a nivel psicológico y que en ese entonces no eran los adecuados para mí. Estaba teniendo bastantes problemas y no encontraba como seguir así que decidí llamar a Alwina para que viniera a trabajar con ellos. 

Una anécdota graciosa que nos solemos acordar es que en ese entonces no teníamos mucho trato más que el profesional. Hablábamos un poco y creo que ella le mando la ubicación a su familia pensando que la iba a secuestrar o algo por el estilo. Trabajo con los caballos me corrigió algunas cosas y luego acordamos que venia una vez a la semana para corregir las tareas que me había mandado. 

Empezamos a relacionarnos cada vez más y tener un vinculo de amistad bien separado de lo profesional. Veníamos en el auto para trabajar con los animales y tiramos al aire el “Y si hacemos algo en conjunto”, sin pensarlo mucho, ni hablar como íbamos a hacer pues dijimos que sí. Fue en ese momento que tuvimos nuestros pequeños desacuerdos que eran totalmente normales porque nunca nos sentamos a hablar como corresponde no. Si lo pienso ahora fue una total locura. Todo podría haber salido muy mal. 

Empezaron los cursos de doma, que maravilla es ver la gente que esta escogiendo este mecanismo de entrenamiento. También me he dado cuenta que hay muy poca información del caballo, de su manejo, entrenamiento y podría seguir con muchas cosas más. El tener un animal de estos dentro de todo es accesible, nadie nos dice nada y uno aprende por lo que te dicen otros, pero no existe una capacitación como tal. Uno debe encontrar su propio camino e ir descubriendo cosas.  

En los cursos aprendí el vinculo que uno puede logar tener con sus caballos y que si todos queremos, ponemos voluntad podemos domar un caballo. El riesgo es parte de esto, pero si te animas vale la pena. 

Han pasado personas con miedo que se han ido con lagrimas en los ojos, personas que han querido cambiar su manera de entrenarlos, personas sin expectativas y que han querido comprarse un caballo. 

Es verdad que ellos reflejan todo de nosotros, son fieles y si se sienten bien ponen toda su confianza en nuestras manos. Una responsabilidad hermosa. 

En este camino de los caballos, la doma y el entrenamiento he visto muchísimos cambios en mi misma. De ser una Omega total a hoy en día considerarme una Gam-Alfa. Ellos me han obligado a sacar la mejor versión de mi misma, a transmitirme que puedo con cualquier cosa y que lo que aprendemos entrenándolos nos sirve para el día a día. Nos enseña a trabajar y leer a las personas. Podría seguir mucho mucho mas.

Para mi estar representando a Amura en estos momentos es un camino de ida y que no tiene marcha para atrás. Desde que conocí a Alwina, sacando la amistad, y el trabajar juntas desde que la conocí he sentido admiración, el querer ser como ella como profesional. Poder transmitir esa pasión y conexión que tiene con los caballos. El aportar un grano de arena a cada persona que quiera seguir este camino, a cambiar las cosas de como se hacia antes sin juzgar a nadie, sino hacer entender que las cosas se pueden hacer diferentes con el mismo resultado. 

Gracias a ella he podido lograr cosas que no pensé que iba a llegar a hacer, me devolvió la confianza que había perdido sobre todo por aquellas personas que dijeron que no iba a ser capaz. Tuve tirones de oreja cuando correspondía y exigencias miles. Pero dado esto hoy me encuentro domando caballos con este metodo.

Daré lo mejor de mi para que se sientan como en casa, que se sientan parte de esta familia. Eso si les advierto que esto no tiene camino de vuelta, es como una droga de la cual uno no puede desprenderse jamás. Esto es lo que transmiten los caballos y la familia Amura